
El sol renace como algunos de nosotros,
se estíra la incomprensión de todos, de nadie,
de ese alma que fue amada, por la lluvia
y por la vista de los que habitan en el borde
de la reencarnación,
cada noche caemos en el abísmo
y el día es irónico
e incognoscible
como la mirada de un bebé.
Estos hilos de nubes estallan en demostración
al ser bendecidos por el fuego,
y la caída es lenta e infinita
besando momentos
desde mi pecho.
Y si la realidad se derrite con la baba del olvido
y del anhelo, allî me hubican,
en el centro de una burbuja
donde los momentos se asemejan
a la energia que impacta contra mis partes.
El odio, el sabor,
son dos universos tan olvidados
que se unen a la realidad
para no ser nada.
Así actuan todos los universos
inexplorados,
ahora viven de su cascara
concecuencia del terror individual.
Todos los universos besados renacen.
.